El avanzado deterioro de la sede principal de la Institución Educativa Distrital Técnica Industrial de Santa Marta continúa generando preocupación entre la comunidad. A los problemas de infraestructura se suma ahora una denuncia por presuntas amenazas contra el vigilante del plantel, quien asegura que teme por su vida debido a la presencia constante de personas ajenas a la institución.
Se trata de Apolinar Pérez, celador de la institución desde 1996, quien afirmó que durante los últimos meses ha enfrentado situaciones de riesgo mientras cumple con sus labores de vigilancia. Según su testimonio, personas que permanecen en el inmueble ingresan de manera frecuente para cometer hurtos y, en varias oportunidades, lo habrían intimidado para impedir que intervenga.
El trabajador aseguró que las instalaciones, hoy fuera de funcionamiento, han sido objeto de constantes actos de vandalismo y saqueo. Explicó que entre los elementos que presuntamente han sido sustraídos se encuentran libros, herramientas, maquinaria de los antiguos talleres, equipos de fundición y otros bienes que durante años hicieron parte de la formación técnica de generaciones de estudiantes.
"Cada día es más difícil cumplir con mi trabajo. He recibido amenazas y siento que mi seguridad está en riesgo. Solo quiero seguir trabajando, pero en un lugar donde existan las condiciones para hacerlo con tranquilidad", manifestó el vigilante.
Ante la situación, Pérez solicitó oficialmente a las autoridades educativas su traslado a otra institución, al considerar que permanecer en la sede representa un riesgo para su integridad física.
La denuncia vuelve a poner sobre la mesa el estado de abandono de la histórica sede de la Técnica Industrial, considerada una de las instituciones educativas más emblemáticas de Santa Marta. El plantel presenta un notable deterioro en su infraestructura, con cubiertas colapsadas, paredes agrietadas, espacios invadidos por la maleza y daños ocasionados por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento.
A este panorama se suma la presencia recurrente de habitantes de calle y personas que, según denuncian vecinos y trabajadores, ingresan al lugar para consumir sustancias psicoactivas y cometer actos de vandalismo, agravando aún más el deterioro de las instalaciones.
Durante los últimos años, docentes, estudiantes, egresados y líderes comunitarios han solicitado la recuperación de la institución, argumentando que su restauración no solo permitiría rescatar un patrimonio educativo de la ciudad, sino también devolverle a cientos de jóvenes un espacio adecuado para su formación técnica.
Mientras tanto, la comunidad espera que las autoridades distritales adopten medidas para garantizar la seguridad del personal que aún labora en el plantel y proteger los bienes que permanecen en la institución.


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